Hacía un bonito día y yo, por
supuesto, lo desperdiciaba cuidadosamente frente a mi ordenador. Digito las
iniciales de Facebook porque me place entonces revisar mi cuenta y luego ingreso
para ver las novedades del sitio. Fabuloso: todo sigue como se suponía que
debía ir pero… Un momento. ¿Qué es aquello tan feo de por allá? ¡Por Dios! Es
un monigote medio hediondo con cara de papa. Y… ¡¿Qué es eso que ha salido de
allí?! ¡Por Dios! Es una deformación de un dibujo a bolitas y palitos para
formar una expresión de “No me importa” Reviso con el cursor. Me siento
intrigado. ¿Qué es aquello?
La respuesta viene varios días
después, cuando encuentro que los monigotes son una de las fuentes de información
más utilizada en la Internet. Por medio de varios amigos he podido darme cuenta
de que se les encuentra en páginas de nombres subversivos como “Cuantocabrón!”
o “Asco de Vida”, tal vez para darle carácter al contenido, y no se trata sino
de la evolución de las caricaturas; el progreso de las refutas y la última plasmación
de la psiquis del ser humano en un estilo innovador.
Los memes, como nos describe
Richard Dawkins en su “Gen egoísta”, son “la unidad teórica de información cultural transmisible de un
individuo a otro, o de una mente a otra, o de una generación a la siguiente.”
Un meme es como una bacteria viva que se mueve
por el enorme organismo de la Web e infecta a todos y cada uno de los usuarios
de una manera narcótica, pero increíblemente divertida.
No es muy
extraño que un joven los tenga a su alrededor mientras visita diversas páginas
de su interés; y que ya los considere parte de su entorno natural; porque se ha
vuelto tan común ver a Forever Alone por los lares cibernéticos que incluso se
es capaz de encontrarle cierta graciosidad a su expresión.
Los
memes, una creciente formación visual que sirve para transmitir ideas de una
manera sencilla y llana, se encuentran desbordados por todo nuestro derredor
tanto social como cyber-social e incluso logran describir muchísimas
situaciones que ni siquiera al habla podrían resultar más acertadas. Sus usos
son varios, y su nacimiento; el de cada uno, aún es incierto. Lo único bien
sabido es que se encuentran allí como símbolo de protesta mediante la risa;
como por siglos lo ha sido la caricatura, y que su uso, como el de casi todo el internet, está
abierto a la fascinante creatividad de un público que solo desea expresión.
Pero
cualquiera podría preguntarse ¿Qué es lo tan especial que tiene uno de estos
feos dibujitos? Interesante. Porque es cierto que son feos. Horribles, si cabe
decirlo. Pero allí es donde comienza
a surgir su verdadera magnificencia. Porque su sola existencia supone una burla
a la idiosincrasia irracional de la estética cada vez más elevada e
inalcanzable, y empezando por allí, toda la sociedad tal y como se conoce
comienza a desmoronarse para ser sustituida por unas cuantas líneas mal
trazadas que resultan tan adictivas como pocas cosas conocidas. ¿Qué es lo especial?
Su expresión, sin duda. Es el último intento de la traducción a símbolos de ese
lenguaje cifrado de los gestos. Y esto resulta en una conquista sobre la cara,
lo que permite un lenguaje sin palabras; facilitando así la comprensión de pensamientos
por parte de mentes perezosas que cada vez quieren que las letras disminuyan en
el mundo. Los memes son un escape a aquel universo de reglas impuestas y
estereotipos predeterminados que los medios nos han imprimido sin que podamos
darnos cuenta, y en la liberación que ofrecen es que flota, casi tímida, toda
su terrible belleza.
Pero
bien, no son del completo agrado de todos, por supuesto. Sin embargo su
creación ha dado pie para que múltiples formas de pensar nazcan y se generen y
se reproduzcan, lo que es bueno, porque así se crea una solidificación en los
pilares del pensamiento sin evitar que el mismo pueda recrearse libérrimo en
cualquier aspecto. Son parte del desarrollo de la humanidad y cobran una
importancia fuerte como repelencia de la ofensiva ciega que ofrecen los
aplastantes medios de comunicación. Y su estudio como símbolo de emisión podría
resultar bien interesante.
Podría
ser que hace unos años, yo me aterrara de verlos como la primera vez que los
observé en Facebook, pero hoy por hoy, incluso mi mamá sabe a qué me refiero
cuando le menciono a Forever Alone o a Are You Fucking Kidding Me?. Quién sabe
a dónde vaya a parar todo esto. Lo único que resta decir es que tal vez, como
muchas otras veces ha pasado, pudo ser que acabamos de presenciar la era en que
uno de los inventos más geniales del humano se ha creado y ni siquiera nos
hemos dado por enterados. 
