lunes, 5 de marzo de 2012

Memes, Memes Everywhere.


Hacía un bonito día y yo, por supuesto, lo desperdiciaba cuidadosamente frente a mi ordenador. Digito las iniciales de Facebook porque me place entonces revisar mi cuenta y luego ingreso para ver las novedades del sitio. Fabuloso: todo sigue como se suponía que debía ir pero… Un momento. ¿Qué es aquello tan feo de por allá? ¡Por Dios! Es un monigote medio hediondo con cara de papa. Y… ¡¿Qué es eso que ha salido de allí?! ¡Por Dios! Es una deformación de un dibujo a bolitas y palitos para formar una expresión de “No me importa” Reviso con el cursor. Me siento intrigado. ¿Qué es aquello?
La respuesta viene varios días después, cuando encuentro que los monigotes son una de las fuentes de información más utilizada en la Internet. Por medio de varios amigos he podido darme cuenta de que se les encuentra en páginas de nombres subversivos como “Cuantocabrón!” o “Asco de Vida”, tal vez para darle carácter al contenido, y no se trata sino de la evolución de las caricaturas; el progreso de las refutas y la última plasmación de la psiquis del ser humano en un estilo innovador.
Los memes, como nos describe Richard Dawkins en su “Gen egoísta”, son “la unidad teórica de información cultural transmisible de un individuo a otro, o de una mente a otra, o de una generación a la siguiente.Un meme es como una bacteria viva que se mueve por el enorme organismo de la Web e infecta a todos y cada uno de los usuarios de una manera narcótica, pero increíblemente divertida.
No es muy extraño que un joven los tenga a su alrededor mientras visita diversas páginas de su interés; y que ya los considere parte de su entorno natural; porque se ha vuelto tan común ver a Forever Alone por los lares cibernéticos que incluso se es capaz de encontrarle cierta graciosidad a su expresión.
Los memes, una creciente formación visual que sirve para transmitir ideas de una manera sencilla y llana, se encuentran desbordados por todo nuestro derredor tanto social como cyber-social  e incluso logran describir muchísimas situaciones que ni siquiera al habla podrían resultar más acertadas. Sus usos son varios, y su nacimiento; el de cada uno, aún es incierto. Lo único bien sabido es que se encuentran allí como símbolo de protesta mediante la risa; como por siglos lo ha sido la caricatura, y que su uso,  como el de casi todo el internet, está abierto a la fascinante creatividad de un público que solo desea expresión.

Pero cualquiera podría preguntarse ¿Qué es lo tan especial que tiene uno de estos feos dibujitos? Interesante. Porque es cierto que son feos. Horribles, si cabe decirlo. Pero allí es donde comienza a surgir su verdadera magnificencia. Porque su sola existencia supone una burla a la idiosincrasia irracional de la estética cada vez más elevada e inalcanzable, y empezando por allí, toda la sociedad tal y como se conoce comienza a desmoronarse para ser sustituida por unas cuantas líneas mal trazadas que resultan tan adictivas como pocas cosas conocidas. ¿Qué es lo especial? Su expresión, sin duda. Es el último intento de la traducción a símbolos de ese lenguaje cifrado de los gestos. Y esto resulta en una conquista sobre la cara, lo que permite un lenguaje sin palabras; facilitando así la comprensión de pensamientos por parte de mentes perezosas que cada vez quieren que las letras disminuyan en el mundo. Los memes son un escape a aquel universo de reglas impuestas y estereotipos predeterminados que los medios nos han imprimido sin que podamos darnos cuenta, y en la liberación que ofrecen es que flota, casi tímida, toda su terrible belleza.
Pero bien, no son del completo agrado de todos, por supuesto. Sin embargo su creación ha dado pie para que múltiples formas de pensar nazcan y se generen y se reproduzcan, lo que es bueno, porque así se crea una solidificación en los pilares del pensamiento sin evitar que el mismo pueda recrearse libérrimo en cualquier aspecto. Son parte del desarrollo de la humanidad y cobran una importancia fuerte como repelencia de la ofensiva ciega que ofrecen los aplastantes medios de comunicación. Y su estudio como símbolo de emisión podría resultar bien interesante.
Podría ser que hace unos años, yo me aterrara de verlos como la primera vez que los observé en Facebook, pero hoy por hoy, incluso mi mamá sabe a qué me refiero cuando le menciono a Forever Alone o a Are You Fucking Kidding Me?. Quién sabe a dónde vaya a parar todo esto. Lo único que resta decir es que tal vez, como muchas otras veces ha pasado, pudo ser que acabamos de presenciar la era en que uno de los inventos más geniales del humano se ha creado y ni siquiera nos hemos dado por enterados. 

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